sábado, 27 de octubre de 2012

Encuentros

Por Gabriela Peralta.


Era el lunes 10 de setiembre, a las 3 de la tarde. Nuestra plaza San Martín era, nuevamente, otra. Pero esta vez no era una manifestación de algún grupo desfavorecido, ni la actuación de artistas callejeros improvisados, ni el sermón de un convencido integrante de alguna iglesia, tampoco el pedido fervoroso de apoyo a un partido político: era la fiesta del libro, o la feria. Quizás todo lo anterior también estaba ahí, dentro de esas carpas blancas, dentro de esos textos. 

Un tumulto de gente caminando, observando, leyendo. Nosotras nos dirigimos al Obispo Mercadillo. El grupo Cuentacuentos presenta su función. Un grupo de mujeres apasionadas por lo que hacen, sin esperar otra recompensa que despertar la misma emoción en su público. Un público de niños, adultos, ancianos. Nos sentamos atrás. Inmediatamente nos olvidamos del lugar, de la gente presente, de la feria. Fue entrar y perdernos en ese mundo de fantasía al que nos invitaba la narradora, para reír, emocionarnos y volver de alguna manera a un espacio ya transitado. Una campanita entre cuento y cuento y entre narradoras.

Sofía Koconós, con tonada salteña finaliza la jornada contándonos de los azares de un chico con su remera embrujada,  haciéndonos reír y emocionarnos en unos pocos minutos. Resultó quizás insuficiente el aplauso para agradecer.

Ese lunes compartimos la experiencia de  perdernos y encontrarnos en esos relatos, en esas voces y esos cuerpos que nos acercan y nos recuperan quizás de tantos ruidos y soledades ciudadanas.

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